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AMANDO
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MensajePublicado: Vie May 22, 2009 9:10 am    Asunto: Recopilación Responder citando

Recopilación de poemas

1 .- Luz de aurora
2.- Perdí tu amor
3.- Ayer
4.- Ochenta han pasado
5.- Ese eco
6.- El sonido del sentimiento
7.- Mil antes de lo eterno
8.- ¡Déjame tiempo!
9.- Acabemos
10.- Todo está vacío
11.- Duda
12.- Otro abril
13.- Diálogo con el vacío
14.- La mitad de nada
15.- Heridas
16.- Cuando ella se estremece
17.- Perdí tu amor
18.- Cordura
19.- Soy un instante
20.- Transito a la nada
21.- Desorientado
22.- Acabemos
23.- Río joven
24.- Soledades
25.- Atardeceres blancos
26.- Pasan los años
27.- La loba
28.- Domingo de Mayo
29.- Ira (I)
30.- Ira (II)
31.- Ira (III)
32.- Soneto enrevesado
33.- !Mentira, mentira, mentira!
34.- Silencios
35.- Soneto
36.- Versos de colores
37.- Llega el momeno
38.- Armonia


Luz de la aurora

Luz de la aurora.
!Qué pronto brillas!
!Qué poco duras!
Del principio
todo apuras,
para luego en lo alto;
hacerte fuerte.
Pero solo un instante.
Más tarde, radiante,
a todos ciegas
y desde el mediodía
hasta el anochecer,
ya no puedes crecer,
toca envejecer y
esperar un nuevo día
Y otra vez la aurora
Oh aurora, otra vez.
!Qué poco duras|


Perdí tu amor.

Olvidas que te olvidé,
y yo..., que olvidada te tenía.
Pero te atreves a reclamar,
aquel olvido que perdí.

¡Y Ahora…, ahora regresas,
Provocas que te recuerde,
que vuelva a sangrar la herida!

¡No puedo permitir
esta locura de amor,
que invade el alma mía!
Pues si te había olvidado ya,
en el olvido había,
el pesar de no recordarte,
favor de mi memoria,
memoria, que tu amor perdía.

Ayer

Ayer; qué lejano estás,
y qué poco ha transcurrido.
Mientras yo me he permitido;
envejecer.
¡Ay mi ayer!
Ayer de mis recuerdos:
Infancia inolvidable,
juventud insaciable,
madurez comedida.
Vejez; vejez vencida

Ochenta han pasado.


Las manos rugosas.
La piel hendida.
Los huesos gastados.
La mirada perdida.
Los brazos cansados
La espalda dolorida.
El pensamiento olvidado.
Y el alma partida.
La silla frente a la ventana
Para admirar el día.
Que la noche llegó temprano
Y temprano amanecía.
En los albores que no recuerdo
Un niño nacía.
Vida que se agota
Vida por un día.
Ochenta años han pasado
¡Ochenta, madre mía!

Ese eco

Ese eco que se escucha
nuevamente ese eco.
Larga será la noche
eterna sin remedio.
Vigilia que no cesa
que se repite, de nuevo.
Una y otra vez,
otra vez no quiero.
El tiempo transcurre,
en silencio lento.
Y no llega el día,
ni el albor primero.
Sumergido en la penumbra
lucha mi credo,
pero la luz se oculta,
escapa a mis dedos,
y vivo en la noche,
en los profundos infiernos.
Y desde que tengo memoria,
oigo en silencio...
Ese eco que se escucha,
nuevamente ese eco.


El sonido del sentimiento


Ese golpe, que se repite,
perenne.
Ese estallar,
aquí dentro.
Ese no cesar,
ese profundo palpitar,
en el pecho.
Esa presión que oprime.
Ese trepidar.
Ese son, y
ese latir del momento.
Esa nota que se pega,
esa melodía que llega,
esa cadencia que anega,
el espíritu de esperanza.
Esas palmas que reprimes,
ese movimiento cohibido,
ese musitar herido,
ese quejido hiriente, y
ese sentir enardecido.
Expresión cumbre,
que nos envuelve,
Esa nota que devuelve,
multiplicado lo que siente.

Mil antes de lo eterno

Antes que tú, mil,
mil antes de tu llegada;
que para ser eterno,
no basta todo,
que con todo no alcanza.
Y el sentir no es bastante,
ni bastante es el anhelo,
pero algún día llega.
!Si, de madrugada!
Que lo eterno viene,
viene, sin mediar palabra;
en esa frase que se resiste,
en ese verso que se acaba,
en ese grito que se escribe,
en ese sentir, en voz alta.
A veces, dormido queda,
en el pozo de la nada,
pero algo va y te dice:
!Ve a rescatarla!
Poeta de la desilusión,
que con la ilusión, no basta.
!Escribe ya ese verso!
Mil antes, de su llegada


!Déjame, tiempo!


Todavía no te detienes, y giras
amanece una nueva mañana
que hace olvidar el ayer

!hipócrita!

como si yo no tuviera recuerdos
recuerdos que no se olvidan
y tú, giras y giras
intentando confundirme
y que olvide !Maldito!

!Detente tiempo!
!Detente vida!
!Detente agonía!

No necesito al tiempo, no, ya no lo quiero
que me deje en paz con mi dolor
y no toque mis recuerdos
que son los míos...

Si yo no quiero olvidar
¿Por qué te empeñas en transcurrir"
¿Por qué me mortificas?
si yo quiero vivir
sin tiempo..., para recordar.

Acabemos

¿Será el polvo lo que me apacigüe
cuando vuelva a ser la nada
cuando dé la vida por acabada
y muera el miedo que me persigue?

¿Será el recuerdo el que consigue
que viva sin ser olvidada
la existencia fracasada
la vida del que no sigue?

¿O tampoco tendré sosiego?
pues si en vida tenerlo no puedo
y ese Dios, al que tanto ruego

se burla de mis lloros y denuedos
acabaré pronto, pues ni ahora ni luego
viviré la vida, la que vivir no puedo


Todo está vacío

Camino despacio.
Largo es el pasillo.
La puerta; enfrente.
Mi mano roza el pomo,
no me atrevo a entrar.
Lo hago.
La estancia se encuentra vacía.
Presiento ya el nudo,
pero lo ignoro.
Abro los armarios,
los cajones.
¡Vacio!
¡Nada!
Ni aire para respirar queda.
¡Todo te lo llevaste!
Un vahído me envuelve.
Cierro los ojos.
Te veo,
sonriente,
Con tu inagotable energía,
tu vitalidad.
¡Cuánto ocupabas,
cuanto llenabas y;
que vacio queda todo!
¡Todo, que vacío está!
...Sin ti.


Duda


!Oh duda que nos atormenta
sobre si en verdad, eres!
Pues si has de creer en lo que vieres,
la incógnita crece y aumenta.
Esta raza insignificante se lamenta,
dado que el dilema apuñala y duele,
y tu silencio; solo lo acrecienta.

¡Danos ya una señal palpable,
y ante nosotros, muéstrate ahora!
¡Es tu creación quien te implora,
de su destino, eres el culpable!

¡Descúbrete, revélate responsable,
Señor, dinos, señálanos el rumbo!
¡Sí, hazlo con un gesto rotundo!
¡Mándanos una fe incuestionable!

¿Qué no dude?,… Dudo.
Porque mi fe no te mereces.
Porque mi esperanza está muerta.
Y mi convicción desierta.
Llore, implore, ruegue o rece
tú siempre permaneces mudo,
nunca estás tras la puerta

!Mentira, mentira, mentira!

Sobreviví a tu abrazo,
a las mentiras y engaños.
Al calor de tu regazo.
A las farsas de los años.
¡Sí, y pese a ello, perduré
cuando todo se hundía!
La fe, la esperanza baldía
que anida en esta quimera.
La inocencia fue la primera,
con su candor y bobería.
Pronto le ocurrió al amor,
pues su calor
se transformó en distancia.
Más tarde fue la amistad,
y a la pasión y compasión,
también le llego su hora.
Para luego, a deshoras
ser el turno de la suerte,
sin embargo burlé a la muerte
una vez más, y persistí.
!Sí, resistí, viví!
¡Pero luego,
luego me lo robaste todo!
¡Maldita, maldita utopía,
que en la agonía
de los hombres
construyes tu credo!
Ya, ni recriminarte puedo;
nada.
¿Qué soy?
¿En qué me he convertido?
¡Y a ti te llaman vida,
si la muerte tras de ti arrastras!
¡Ironía maldita y maldita sinfonía
de vida!
¿Vida?...
¡No!
Solo desilusión, decepción
y falsas esperanzas.
Y yo; hombre, te condeno.
¡Si, te condeno y te condeno
al abismo oscuro,
al destierro!
¡Búscate otra presa, otra!
y déjame; sin ser nada.


Otro Abril


Otro Abril, y ya son demasiados.
Cuando recuerdo de antes,
mis ganas por llegar a Mayo,
por crecer deprisa y deprisa...,
y ahora Junio he alcanzado.
Y esto..., !Oh locura! esto no se detiene,
pues la semana que viene
con Julio me levanto.
!Oh espanto que me acuchilla!
Si nuevamente estoy en Agosto
para almorzar con Septiembre,
mientras Octubre me saluda
y sin quererlo, llega Noviembre.
Y otro más, otro a mis espaldas
ya cansadas.
¿Quién sabe, si conoceré Diciembre?
Si volveré a sentir frío en Enero
O si será Febrero quien me despierte.
Pero si he de elegir,
prefiero irme en Marzo con sus flores...
Nuevamente Abril..., Abril nuevamente.
y esto !Oh locura!, esto, no se detiene.


Diálogo con el vacío


Que no soy dueño de mí,
de mí, no soy el dueño.
Cuando los densos vacíos,
inundan mi desazón,
y convierten en desasosiego
la esperanza marchita,
mil veces ajada,
por lo que no he hecho...
pudiendo

¿Entonces, de que sirve el lamento?

Y tener el poder
de retroceder un paso
!tan solo uno!,
!tan solo, una vez!
Y comprobar que el presente,
se transforma,
en lo que debió ser
y pronto,
se convierte en algo olvidado.

!Nada puedes cambiar!

¿Quien puede llenar los vacíos
que la desilusión alimenta?
!Roto, roto!
!yo, hecho pedazos!
que alguien barre,
eliminando el rastro,
del vacío, que es la nada.

!Nadie te escucha!

!Mientes!

!Estás vacío, estás solo!
!Huye!

No, o tal vez sí.
Me oyen,
no me entienden.
¿Y quién entiende
nada de nadie?
Si nadie quiere entender
y nadie, se deja comprender.

Vacío, vacío que me anega
que me anula.
Preludio otra vez de la nada.

Cierto, nada eres.

Tormento de locura
!calla mil veces!
!Enmudece vil criatura!
Pues el vacío crece
y se transforma
en amargura.
que no soy dueño de mí
que de mí, no soy el dueño.


La mitad de nada

Soy la mitad de nada,
porque mi mitad, no existe.
! Que no estoy entero!
! Y la arrastro, sí!
Subido a estas ruedas
que prolongan, mi mitad.
Para recordarme cada día,
lo que no seré jamás.
Que jamás seré de nuevo,
ese ser entero,
pues dos mitades yo tenía.
Y ahora, ahora soy la mitad
de nada
y he perdido
la mitad que quería.

Aquella que tanto amaba,
y con la que era un ser libre.
Ahora, ahora tengo
la vida enclaustrada
vilmente encadenada
a las ruedas
a los demás.

Pues ya no me sirvo de mí.
Resignado a estas ruedas,
mi mitad segada
se burla de lo que fui.
Se ríe de mi juventud pasada.
Y yo, la mitad desconsolada
llora, un lloro amargo,
de lo que fui.

Soy la mitad de nada.
Y aún así soy,
la mitad que nada doy.
La mitad que vive,
la parte que divide,
la que recibe...,
solo dolor.


Heridas


Día gris, corrompido e infecto
¿Por qué has amanecido?
Pues provocas en mí el latido
De la rabia ausente de afecto
Nublada mi mente por lo imperfecto
Alimentada por la cólera que me embriaga
¿Por qué esta mañana aciaga
…Que me tocara has permitido?
Sabiendo lo que ya he sufrido
De tus pruebas estoy harto
La mañana de mi dolor aparto
La entierro, pues nunca ha existido
Limpio el corazón afligido
Y miro nuevamente hacia lo alto
Intentando olvidar mis errores
Pero la hiel y sus hervores
Mantienen tiernas las cicatrices
Las infringidas, sin directrices
Aquellas que todavía duelen
Las que cerrarse no suelen
Aunque todos quieran olvidarlas
Las que solo el tiempo ayuda a sanarlas.


... Cuando ella se estremece


Sí, pero ellos ya no están en el jardín
unos ni siquiera eran un capullo
otros, apenas brotaban
luego, aquellos de tallo rugoso
los de mas años, sí,
también nos dejaron,
y los vigorosos,
y los jóvenes,
los que empezaban
los que ya sabían,
los que creían que sabían,
y los que esperaban,
el temblor de la madre
arrebató al jardín sus flores.


Cajas blancas y pequeñas.
Cajas del color de la tierra,
del color de la crema,
negras, ocres y alargadas,
cubiertas de orquídeas,
también blancas,
esperando el momento
a ser enterradas.


Detrás, el agónico silencio,
quizás, algún sollozo,
tal vez alguien,
postrado de hinojos.
Aquel que el dolor no aguanta,
el suspiro contenido,
el desespero incontrolado,
la impotencia desatada,
la desesperanza anidada.

La flor estaba abierta
cuando llegó y la segó
sin mirar, sin reparar,
el temblor de la madre
causó el castigo,
Cercenó a destajo
las flores de su jardín.

A lo lejos,
se escucha el canto,
de las gargantas secas
el repicar de campanas,
y los hombres dispuestos,
a hombros
los féretros levantan.

Detrás todos en silencio
quizás algún sollozo,
alguien postrado de hinojos
aquel que el dolor no aguanta.

Llegan al camposanto
vestido de primavera.
Aquella, la blanca primera,
la del pequeño capullo.
La devuelven a sus entrañas.
pues ella todo lo da,
y todo lo araña.


Luego siguieron los otros
los féretros oscuros,
los del color de la tierra,
los negros, ocres y alargados
para luego,
luego todos rezaron
¿Y a quién se puede reza
cuando tu madre se empecina
en que seas polvo?
¿A quién acudir, flor de mi jardín
cuando la Tierra se estremece?
Cuando la mano que te mece
tu flor arrebata.


Perdí tu amor.


Olvidas que te olvidé,
y yo..., que olvidada te tenía.
Pero te atreves a reclamar,
aquel olvido que perdí.

¡Y Ahora…, ahora regresas,
Provocas que te recuerde,
que vuelva a sangrar la herida!

¡No puedo permitir
esta locura de amor,
que invade el alma mía!
Pues si te había olvidado ya,
en el olvido había,
el pesar de no recordarte,
favor de mi memoria,
memoria, que tu amor perdía.


Cordura


Me demandas silencio
Que calle mi boca
Que guarde muy dentro
La rabia que aflora
Que entierre la furia
Y ahogue mi cólera
Contenga el arrebato
El frenesí, y engulla mi soberbia

Callar, silenciar, amordazar…
Reprimir mi impulso
El envite de mi sangre

¿Es que no soy hombre?
¿Es que no soy nada?
¿He de tener la boca callada?

¿Acaso manda más la decencia
¿El aparentar, la compostura?
¿Es quizás mi figura
… así, más humana?

Ya llega el sosiego
Ya alcanzo la calma
Abrazo la cordura… pero,
¿Soy yo?


Soy un instante


Y llegar a entender
que todo esto es un suspiro.
Una cruel patraña,
un sin par embuste.
Pues me alegre o disguste,
soy yo, estoy vivo

Soy un instante,
ese momento
que no percibes.
Soy quien recibes,
para luego olvidarle.
Que vivo y no vivo,
muero y sí muero,
pues muerto estoy,
dejado de tu memoria.
Soy esa triste historia,
que ya nadie recuerda.
Soy la verdad irrefutable,
la única que concuerda.
Soy yo ese muerto,
y la vida, mi miseria.


Tránsito a la nada


Como el atardecer tardío,
en el bosque silencioso,
que siembra la tierra de hojuelas,
ocres y amarillas.
Preludio del irse y no volver,
del morir y no del nacer,
del olvido y no del recuerdo,
de la nada…, donde no existe el tiempo.
Pero aquí, ¿Qué hago yo aquí,
si en el bosque me quedo?.
¿Seré otra vez…, la nada,
donde no existe el tiempo?


Desorientado


! Vuela, tú que puedes!
que yo, atado a esta tierra
sentiré envidia de tu libertad,
y cerraré los ojos para pensar
que he cortado mis venas...,
y ganado tus alas
y luego..., luego volaré alto
lejos de este barro
de estas cadenas
para alcanzar...,
!Pero, Dios, ilumíname!
¿Qué es lo que trato de alcanzar?


Acabemos


¿Será el polvo lo que me apacigüe
cuando vuelva a ser la nada
cuando dé la vida por acabada
y muera el miedo que me persigue?

¿Será el recuerdo el que consigue
que viva sin ser olvidada
la existencia fracasada
la vida del que no sigue?

¿O tampoco tendré sosiego?
pues si en vida tenerlo no puedo
y ese Dios, al que tanto ruego

se burla de mis lloros y denuedos
acabaré pronto, pues ni ahora ni luego
viviré la vida, la que vivir no puedo



Río joven


Manantial joven,
impetuoso torbellino,
hermoso remolino
que la tierra riegas.
Fresco en invierno
y en verano caliente,
tú, bella fuente
de aguas cristalinas
puras y dulces...
igual que tu mirada,
así es tu corazón,
bravío y noble,
como la inocencia que te cubre
y tu padre en ti descubre
su infancia retratada.
Pero eres más poderoso
que la corriente desatada,
más puro y honesto,
más valiente, más apuesto.
Dispuesto siempre a sonreír,
pues tus ganas de vivir
a todos contagias.
Tú, con tu enorme magia
pronto te transformarás en río,
fuerte, caudaloso, bravío
y emprenderás tu andadura
lejos del manantial que te vio nacer
eso, hijo, eso es crecer.
Crecerás para no volver
y en tu largo recorrido
horadarás montañas
arrastrarás piedras
con tus entrañas
y tropezarás mil veces
¿Te das cuenta cómo creces?
ya dueño de tu albedrío
de tu tronco brotará un afluente
y seguirá su propia corriente
con sus ganas de amar
y luego todos,
nos encontraremos
en el mar

Soledades

Soledad que me acompañas,
entre las soledades del parque.
Ausente de ruidos y jolgorios,
veo deambular otros desiertos.
Sin nombre, como el mío.
Con prisas, que van a mil lugares,
y en las almas de los caminantes,
anidan sus casas.
Urbe, enjambre yermo,
de almas aisladas,
que envejecen rodeadas,
de retiros impuestos.
Alientos conformes,
con las soledades humanas

Soledad que me acompañas,
entre las soledades del parque.
¡Tantos como somos!
Y ella nos gana.

Atardeceres blancos

Atardeceres blancos,
en el crepúsculo plateado
cuando sucumbe el día,
y la noche envuelve
la historia de una vida.

Atardecer plagado de argento,
circundado de cálida ternura.
Amor que no muere, que dura
hasta el último momento.

Rostro partido por el viento,
en el que encuentro,
mi única compañía
al declinar del otoño.

Inicio cándido, bisoño,
sin nostalgia ni melancolía,
en éstos atardeceres blancos,
esperando la noche,
aguardando un nuevo día


Pasan los años


Pasan los años,
y tú estás conmigo.
Tantos son los recuerdos…
Pero todo es nada
cuando tu mirada
me susurra al oído:
!Ya no somos jóvenes,
querido!

Mi pecho guarda,
en un lugar escondido;
el roce,
aquel beso prohibido,
el amor encendido,
de aquella quinceañera,
de mi amor, mi compañera
que tanto me ha querido.
Ya no somos jóvenes…, dices,
y por una vez, te equivocas.
Prueba el dulce de mi boca,
de mi pecho fornido
la fuerza de mis robustos brazos
nadie deshará el lazo
que entre ambos ha prendido.

Toda una vida, juntos,
y una vida, es poca
así que créeme si te digo
que mil vidas contigo
es lo que en suerte, me toca

La loba


Con el puño en alto,
la voz rota,
los ojos...,
los ojos impregnados,
del amor de loba.

Las uñas, clavadas en tu palma,
la sangre que se desborda,
!Gritas, gritas bien alto!
retando a las sombras.
!Cobarde, cobarde!..., dices,
encarándote, tú sola,
a la ironía del destino,
a los peligros que rondan.

!Ven y enfréntate a mí!
!ven maldito!
!bastardo de zorra!,
que he parido un hijo,
un hijo que me adora.
Si nadie quiere llevárselo,
aquí está su loba.

Estaré despierta,
vigilante a todas horas.
No necesito a nadie,
!Nadie le honra!
Es mío, y para amarle.
basta su madre,
basta su loba.

Domingo de Mayo

Domingo de Mayo,
que a mi recuerdo llamas.
Memoria que me araña,
pues tú, no estás conmigo.

Domingo que maldigo.
Te fuiste de madrugada,
sola, eternamente sola,
pensando en los tuyos,
y tanto por hacer.
¡No, ya no verás crecer!,
los retoños.
Aquellos que al amanecer,
cuidabas con tanto celo.
Dejaste la tierra, si,
para vivir en el cielo,
y yo,
yo me acuerdo de ti.

Y ni en mayo,
ni en febrero
encontraré el consuelo
que tú me dabas.
Si madre, todo acaba
cuando más te necesito.
Y ahora, ahora admito,
cansado de llorar,
que ya lo entiendo,
que sigues,
como siempre.
y como siempre, sonriendo.

Ira (I)

Quizás sea todo el odio del mundo
Lo que mi dolido pecho contiene
El que transformado en ira mantiene
Enorme pesar, tormento profundo

Quizás fuera aquel rencor vagabundo
Y que ahora en mis manos te sostiene
Que crece en furor y no se detiene
Me lleve a cometer acto iracundo

Y acabaré odiando a toda criatura
Por ser bella, apacible e inocente
Despojándola de toda frescura

Y sea solo fruto de mi mente
Pues esa pasión y esa gran locura
En mí siempre permanece latente.

Ira (II)

Es tal vez mi descontento,
ya harto de todo,
que a odiar me impulsa,
al juicio y lo inviolado.
Y tú has de pagar mi furia
la ira de mi desventura,
la rabia que luego me condena.
Has de sufrir la pena,
por este intenso arrebato.
Que no me valen razones
que lo impidan,
pues nunca en el odio,
las razones,
nadie las ha encontrado.

Ira (III)

Mi mano se engarrota
Alrededor de tu débil figura
El momento augura
El pozo de la derrota
Abismo en el que he caído
Que impulsa al desespero
De si vivo o muero
De si he aprendido,
A razonar primero
Y luego…
Luego de todo recelo
Temo y desconfío
Ya de nada me fío
Y tú rosa, lo pagas
Con tu muerte acaba
Mi duda, el escalofrío


Soneto enrevesado


Guarda tus razones, que lo irrazonable
Es un sin sentido, una sinrazón rebosada
Por la misma raza que reza, inferida y derivada
Aforismo juicioso, atinado e incuestionable

Es pues razonar, adiestramiento inconmensurable
Del que realiza rizos con la mente cuadriculada
Ritos de retos amenizan ratos con aptitud sosegada
De retazos eruditos, razones muy considerables

Es rogar a la razón que la cognición no acabe
Que el juicio roce retazos de clarividencia
Y que al instruido su rol y razón no socave

Pues roza el pensamiento y su existencia
Mitifica la gnosis y para la ralea es la clave
Que encumbra en el hombre su omnisciencia

!Mentira, mentira, mentira!

Sobreviví a tu abrazo,
a las mentiras y engaños.
Al calor de tu regazo.
A las farsas de los años.
¡Sí, y pese a ello, perduré
cuando todo se hundía!
La fe, la esperanza baldía
que anida en esta quimera.
La inocencia fue la primera,
con su candor y bobería.
Pronto le ocurrió al amor,
pues su calor
se transformó en distancia.
Más tarde fue la amistad,
y a la pasión y compasión,
también le llego su hora.
Para luego, a deshoras
ser el turno de la suerte,
sin embargo burlé a la muerte
una vez más, y persistí.
!Sí, resistí, viví!
¡Pero luego,
luego me lo robaste todo!
¡Maldita, maldita utopía,
que en la agonía
de los hombres
construyes tu credo!
Ya, ni recriminarte puedo;
nada.
¿Qué soy?
¿En qué me he convertido?
¡Y a ti te llaman vida,
si la muerte tras de ti arrastras!
¡Ironía maldita y maldita sinfonía
de vida!
¿Vida?...
¡No!
Solo desilusión, decepción
y falsas esperanzas.
Y yo; hombre, te condeno.
¡Si, te condeno y te condeno
al abismo oscuro,
al destierro!
¡Búscate otra presa, otra!
y déjame; sin ser nada.

Silencios


Silencios, silencios que restallan
en los oidos dormidos,
cuando la calma huye,
y chillan, chillan hasta la locura,
pues la razón y la cordura
se ausentan, desaparecen.
Voces que crecen,
que retumban indolentes
en el descuido, en el olvido
de la soledad odiada.
Silencios que aumentan,
que no cesan
atormentando tu sosiego,
de lo que en verdad es y no es.
Silencios que hablan
y no dicen nada.
Silencios que enmudecen
porque sobra el habla,
donde él es entendido.
Silencio conocido.

...Yo escucho el silencio
cuando conmigo habla,
y mordaz entabla
la pasion que reverencio.
Que soy quien silencio,
la voz y la palabra.

!Silencio, silencio que me grita,
que en mí estalla!
Locura que halla
un corazón que escucha,
un loco; que consigo habla.
Silencio, silencio que restalla.

Soneto

Siempre seco de lagrimas me encuentro,
cuando he de llorar y llorar no puedo.
Solo con mi pensamiento me quedo;
aturdido y con la angustia por dentro.

Que por más que lucho y me concentro,
por ahuyentar mi desacion y miedo,
hago siempre lo que hacer no debo;
intentar salir, cuando en ella entro.

Y ahora que me ha corroido bastante,
esa tristeza, ese agobio tan cierto,
que no cesa con su dolor constante,

ni cicatriza la herida que a abierto
tendré que cejar mi actitud desafiante;
deberé admitir que yo ya he muerto.


Versos de colores

Si supiera escribir,
escribiría:
En rojo, el dolor,
ese dolor que desgarra entrañas,
que amarra a los inocentes
a los solitarios, a los hombres.
a héroes, a los sin nombre.
Si supiera escribir,
escribiria un poema
cargado de letras verdes,
repletas de esperanza,
donde jamás,
ninguna perla seria derramada;
!nunca!
En amarillo para mis soles,
en azul, mis cielos.
Si supiera, lo haria en plata,
para que ese lazo que a ti me ata,
fuera imperecedero.
Lo adornaría de oro,
con un solo; te quiero.
Letras que bailan
que danzan a mi voluntad.
Si fuera amo de las palabras,
si su dueño fuera;
no habría versos tristes,
ni aflicciones o añoranzas,
solo una palabra.
Una que al mundo taladre,
solo una.
una para mi Padre.

Llega el momento


Llega el momento; otra vez.
Otra vez ese momento que se repite,
mil y mil veces,
sin compasión.
sin clemencia.
Y por más que implore que cese;
él no cesa, que no cesa nunca.
¡Siempre, siempre ese instante
que te puede,
ese segundo que te domina,
que te somete, que te anula.
Ya está aquí,
¡Oh, no. No!
Lo noto, ¡Sí, lo noto!
Ya ha llegado; y ahora...
Ahora, la depresión absoluta.
¿Y por qué?, me pregunto.
¿Por qué, me he de acordar
de ti, hermano?
¿Por qué, en éste momento?

Armonía


Manto ocre y verde,
de hojas traídas por el viento.
Colchón manso y fresco aliento
que en la lobreguez se pierde,
y confunde entre los trinos
y gorjeos que me guardan,
a la cerrazón del roble viejo.

Sigilos de liberación,
recostado sobre el manto;
siento.
Retoño, que repite mis gestos;
a mi vera,
en esa paz de primavera.
Soplo eterno, perenne
que cabalga en el olvido
de ese mundanal ruido;
silenciado.

Secretos cómplices,
sobre el manto ocre y verde
a la cerrazón del viejo roble
que comparte;
mutismo y entendimiento;
por vivir ese momento
por beber esa quimera
por la paz que ahora siento
por esa armonía placentera.

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