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EL MAL PAGO

 
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Pyxidis




Registrado: 09 Nov 2008
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Ubicación: En un mundo paralelo
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Sexo:Esta usuaria es una Mujer

MensajePublicado: Mar Nov 11, 2008 4:35 pm    Asunto: Responder citando

uffffffffffff sin palabras..........

_________________
He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos.
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MensajePublicado: Mar Nov 11, 2008 9:16 pm    Asunto: Responder citando

Jejej, pues nada, yo punto en boca. Este relato ha quedado nominado, o finalista, algo por el estilo en un certámen. Si yo es que escribo relatos un poco viscerales, sorry.
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Viejo Zorro




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Sexo:Este usuario es un Hombre

MensajePublicado: Mar Nov 11, 2008 10:12 pm    Asunto: ¡Tremedo! Responder citando

Hace tiempo que no leía algo tan duro, pero al mismo tiempo muy dentro de este mundo en el que vivimos, por eso me parece más duro aún.
Es bueno ¿Lastima que para el anciano no haya sido tan bueno!
Pero aquí se trata de quien lo cuen y como lo cuenta.
Un 10 amigo

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El que va a por leña verde, cuanto más anda más pierde
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MensajePublicado: Mie Nov 12, 2008 9:17 am    Asunto: Responder citando

Lo se, lo se. A mi mujer no le gustan nada mis relatos y supongo que tiene razón. Son duros, viscerales y quizás exagerados, en fin. De todas formas, no se que tiene que fue nominado en un certamen, pero yo, despues de mucho tiempo, lo he vuelto a leer, y ahora me ofrece sensaciones distintas a cuando lo escribi, supongo que es normal que eso suceda.
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Pilar




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MensajePublicado: Jue Nov 13, 2008 6:52 pm    Asunto: Responder citando

Pués no me extraña halla quedado finalista,por que aparte de bien escrito ,es como la vida misma.
Cuando lo leia,me recordaba a mi vecina la del poema,el tema es calcado.
Esta mujer tambien dio todo por su unico hijo,en aquellos años fué madre soltera.su padre la echo de casa.
Saco ella sola adelante al hijo.Luego se caso con un señor que era un angel.y adopto al hijo como suyo.
Cuando murio el..le puso el piso a nombre del hijo,para que no tuviese que pagar nada a hacienda cuando ella fallecieses,solo con la clausula de ser usufructuaria hasta su muerte.
Siempre la deciamos mi familia y yo que no estaba haciendo bien las cosas,que al ser el unico hijo no tendria problemas.
Pero esta mujer,tal como el hombre del relato siempre defendia al hijo.
El hijo venia de pascuas a ramos,por suerte siempre se habia podido valer,y cuando caia mala,era yo la que la cuidaba.
Meses antes de morir vinieron ellos a vivir al piso..el hijo y la mujer)..y ya hicieron de su capa un sayo.
Apenas la cuidaban,gritos constantes...siempre sucia...ella unos dias antes de morir en uno de los momentos de lucidez que tenia me dijo...que razón tenias ,y yo nunca te hacia caso..
En ,fin..son historias crudas,pero reales ,que pasan a diario por desgracia..felicidades por este relato Amando

_________________
Hay un lobo en mi entraña,
que pugna por nacer.
Mi corazón de oveja ,lerda criatura
se desangra por él.

Manuel Silva Acevedo ,poeta chileno.
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Cuenta cuentos




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MensajePublicado: Jue Nov 13, 2008 7:27 pm    Asunto: Responder citando

Amando, es para darte de collejas hasta en el DNI... La historia de por si ya es dura, pero tu redacción es detallada y tan real que los pensamientos de Antonio se te meten dentro... Me has hecho llorar y eso no te lo perdono...

Mad Tio, como vuelvas a colgar otro relato tan duro es que te baneo, te lo juro.

_________________
¿Quien necesita balas? con un papel en blanco y una pluma en la mano, puedo defender cualquier gesta sin herir de muerte al contrario.
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MensajePublicado: Jue Nov 13, 2008 7:49 pm    Asunto: Responder citando

Cielos, Pilar, lo mío es una historia inventada, pero veo que la realidad siempre supera la ficción.
Cuenta Cuentos, sorry por el snif...
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MensajePublicado: Dom Nov 16, 2008 8:13 pm    Asunto: Responder citando

EL MAL PAGO
El famélico anciano, aquejado por el parkinson, descansaba en su silla de ruedas, enfermo de hipocinesia, eso es, falto total de movimientos. Los temblores de su enfermedad sacudían todo su cuerpo, desde las manos, hasta las piernas. En ocasiones sufría verdaderos espasmos, pero ya estaba acostumbrado a controlarlos en soledad. Se encontraba frente a la televisión, pero no la miraba, tenía la mirada perdida en un punto indeterminado de la pequeña habitación.
La lúgubre estancia olía fatal. Los efluvios de los orines y de las deposiciones inundaban todos y cada uno de los rincones de la habitación. El hombre tenía incontinencia y ya no controlaba nada sus funciones más elementales, dependía de todo de su hijo, su querido hijo.
Luis, que así se llamaba su hijo trabajaba, como es normal. Salía muy temprano, antes de que saliera el sol y volvía muy tarde, infinitamente tarde. "Pobre Luis, que bueno es y cuanto trabaja", pensaba el anciano, mojado por los orines y empapado de sus propios excrementos hasta las orejas. Llagado hasta lo impensable por la falta de movimiento, cualquier pequeño roce, era un suplicio insoportable, y debido a sus temblores y espasmos, los roces de su carne llagada con la rugosa y apelmazada ropa que llevaba, eras constantes. "Paciencia, ya llegará, y cuando regrese, me limpiará, me dará de comer y me acostará", pensaba el anciano sin poder contener sus espasmos.
El reloj de la pared de enfrente, situado encima de la televisión, marcaba la una de la madrugada, pero su hijo no volvía. El anciano empezaba a impacientarse y ponerse nervioso por la tardanza de su renuevo. Pese a su lamentable situación, siempre se preocupaba por él. Se preocupaba en demasía por que no tuviera un accidente de tráfico o cualquiera otra cosa "Siempre sufriendo por los hijos, es ley de vida" se decía con un amago de sonrisa en sus labios.
Recordaba como cuando su hijo era joven, le llamaba de madrugada, después de una eterna noche de juerga para que le fuera a buscar, y él, somnoliento y cansado de una larga jornada de trabajo en la cantera, se levantaba raudo, se vestía con enorme velocidad y se apresuraba a buscar a su hijo, su querido y único hijo. "Qué orgulloso estoy de ti, hijo"
Antonio, que así se llamaba el anciano, se había quedado viudo, hacia ya…, mucho tiempo. Él se había ocupado de su pequeño desde los cinco años, edad en la que quedó huérfano de madre. Tuvo que inventarse las mil y una para compaginar su duro trabajo en la cantera y poder atender a su hijo. Le bañaba, le vestía, le daba de comer, y sobre todo, le regalaba con todos los caprichos que el pequeño le exigía.
Antonio se volcó en su hijo, no tenía tiempo para él, nunca tuvo tiempo para él después de la muerte de su mujer, ni siquiera para conocer a otras mujeres, alguien con quien haber podido compartir nuevamente su vida, alguien que llegado el momento, le cuidara, pero Luis había reclamado toda su atención y ahora…, ahora se encontraba solo con su hijo, pero Antonio no se lamentaba por ello, estaba feliz con su primogénito.
Ya cuando Luis fue mayor, le había comprado el coche y pagado la universidad, Luis no se había casado, pero Antonio, que deseaba dejar las cosas claras, había testado a favor de su único heredero, aunque eso ya no tenía valor alguno. Su hijo había conseguido vender todo el patrimonio del padre y con el dinero se había comprado un lujoso coche y un chalet, con piscina y cancha de tenis, en ese chalet, en la última planta, se hallaba una pequeña habitación, la habitación de apenas quince metros cuadrados era donde vivía Antonio, en soledad.
La habitación tenía una cama, una mesita y un televisor en blanco y negro, única propiedad de Antonio. El televisor siempre estaba encendido, por eso Luis, se quejaba a su padre de que pagaba una fortuna en electricidad, pero Antonio, no podía apagarla. Era su única distracción, sin ella se sentía desamparado, porque la pequeña ventana, por donde entraba todas las mañanas un enorme reguero de luz, estaba alta, demasiado alta para que Antonio pudiera contemplar la calle. La pobre pensión que cobraba, decía su hijo, no alcanzaba para la comida y la energía que malgastaba, por eso su hijo, pagaba la diferencia, así era su hijo con Antonio, desprendido y magnánimo.
Con enorme esfuerzo, alzó su temblorosa mano y se la llevó a la frente, no había espejos, pero al tacto de las yemas de sus dedos, Antonio esgrimió una mueca de dolor. Tenía abierta una enorme brecha, y le dolía, le dolía mucho. Le había pedido a su hijo un calmante, para aliviar el dolor, pero Luis, que era médico, le había dicho que eso eran tonterías, que el cuerpo debía reaccionar positivamente ante ese pequeño contratiempo, coagulando la sangre con las plaquetas, y produciendo hormonas de forma natural para mitigar el dolor. "¿Veis como lo único que quiere mi hijo, es mi bien? El me aconseja siempre lo mejor"
Cerró los ojos para recordar. Luis había venido cansado y nervioso por su trabajo en el consultorio, y resulta que Antonio había tirado la comida al suelo, debido a su enfermedad, aquél día se quedó sin comer, pero como dice Luis: -un día de ayuno sienta bien al cuerpo-.
-¡Claro! -Hablaba Antonio en voz alta, simplemente por escuchar su propia voz y no volverse loco-. Luis con tanto nerviosismo y tanto cansancio, y al ver que yo no había probado bocado en todo el día, se puso como un loco, preocupado por mí -sonrió-, con tan mala fortuna que al recoger el plato del suelo, me propinó un fuerte golpe en la frente, sin querer, naturalmente. Así se me produjo esta herida, un triste accidente que mi hijo lamentó enormemente.
"Luis cogió con una escoba la comida, porque Luis es muy limpio y le gusta que mi habitación esté siempre bien ordenada, y la puso nuevamente en el plato manchado de sangre. ¡Pobre hijo!, estaba tan exaltado que no se dio cuenta de ese pequeño detalle. Como estaba tan nervioso por haberme provocado la herida, pobre hijo mío. Lo dejó nuevamente en su sitio y me dijo que me lo acabara, que era un guisado muy bueno y no podía tirarlo a la basura porque costaba mucho dinero. Él siempre tan ahorrador. El problema es que dejó el plato muy lejos de mí, de eso tampoco se dio cuenta…, el pobre tiene tantas preocupaciones en la cabeza que hay pequeños detalles en los que no se fija.
El hombre, ladeó con dificultad la cabeza y trató de alargar la mano en dirección al plato, pero era imposible no llegaba, y resulta que Luis había echado el freno a la silla de ruedas, así que estaba completamente inmovilizado.
-Eso es para que yo no pudiera salir de la habitación y caerme por las empinadas escaleras. Ese es mi hijo, siempre preocupado por mí -proseguía con su monólogo.
El estómago de Antonio emitía un continuo ronroneo, fruto del hambre.
-Pensándolo bien, creo que han pasado ya dos días sin que haya probado bocado. Es normal que mis tripas se inquieten -sonreía-. Bueno, si no es un día, dos días de ayuno me vendrán mejor. Lo cierto es que Luis tiene toda la razón del mundo, como estoy aquí, encadenado a esta silla sin hacer nada de deporte, estoy engordando…, el ayuno no me vendrá mal -se auto convencía.
Echó la cabeza para atrás, se sentía cansado, muy cansado. La televisión estaba bastante alta pero eso no le molestaba para dormitar. Antonio estaba acostumbrado a dormirse con el volumen elevado encima de su silla de ruedas, lo cierto era que no recordaba cuantos días llevaba encima de la silla y lo curioso era que no escuchaba la televisión, ya no.
No pasaron más de diez minutos, cuando el ruido de un potente motor le llegó a los oídos, sin embargo Antonio continuó en la misma postura, sin inmutarse, con la cabeza colgando hacia atrás y la mirada fija en el techo de la habitación, sonrió "ya ha llegado Luis, conozco el ruido del motor de su coche. Ahora subirá con un vaso de leche caliente, y por fin me bañará, cambiará de ropa, y me acostará sobre mi cama".
Los minutos pasaban, y aunque lo intentó para volver a ver la hora, le resultó imposible, los músculos del cuello no respondían a las instrucciones de su cerebro, estaba paralizado, completamente inmóvil. Ya no podía ni siquiera mover un dedo de su mano, probó abrir la boca y gritar, pero el grito se ahogó en su garganta antes de salir al exterior. "Qué raro, he perdido hasta el habla. Supongo que cuando me vea mi hijo así, me llevará al hospital, esto no es normal"
Antonio aguardaba en esa incómoda postura a que su hijo subiera, pero algo debió entretenerle porque Luis no aparecía por la puerta. Lo extraño es que alguien había encendido una luz, una luz, primero mortecina y luego intensa. Cuando hubo averiguado qué era, Antonio se puso nervioso, no era ninguna luz artificial, se trataba de la luz natural del día. Un nuevo día amanecía y le saludaba por la pequeña ventana. "No es normal que mi Luis tarde tanto en subir para ver cómo me encuentro. Ha tenido que pasarle algo en la cocina, seguro" se decía, mientras la luz seguía cobrando vina e inundando la pequeña estancia.
La tarde llegó con demasiada rapidez, y Luis continuaba sin subir a la habitación "se habrá quedado dormido, el pobre".
Cuando la luz desapareció y llegó la noche Antonio estaba más que desesperado por su hijo. De pronto escuchó voces, una de ellas la distinguía perfectamente, era de Luis, la otra de una mujer, reía a mandíbula batiente y las carcajadas de Luis la acompañaban. Un ruido de pasos, estaban subiendo las escaleras "menos mal" Reconoció el sonido de la puerta al abrirse y luego escuchó la exclamación de la mujer que acompañaba a su hijo.
-¡Dios santo! Pero que peste hace aquí dentro -dijo la mujer, pinzándose la nariz con sus dedos pulgar e índice de su mano izquierda- Esto es una pocilga.
-Ahora vendrán a por él -escuchó a Luis.
-¿Cuánto tiempo lleva así? -se interesó la mujer, señalando con el mentón a Antonio, que permanecía sentado en su silla con la cabeza hacia atrás.
-Lo ignoro, esta semana estuve en Madrid, en un simposio médico, y ayer cuando llegué por la noche me lo encontré así, tal como ésta, con la cabeza echada para atrás -se cogió la barbilla con su mano derecha, pensativo y frío-. Calculo que tuvo que suceder el miércoles, hace dos días -dijo finalmente.
-No entiendo cómo ha podido vivir este hombre en estas condiciones -escuchó exclamarse a la mujer.
-Tú solo has tu trabajo -interrumpía su hijo con displicencia-. Cuando se lo lleven, quiero esto limpio y ordenado, necesito la habitación para poner mi estudio. Ya he encargado los muebles y los traen pasado mañana así que apresúrate -apremiaba a la mujer-. Todos los trastos los quiero en la basura... El pintor me ha prometido que vendrá mañana a las ocho.
-Hasta que no se lo lleven, yo no hago nada -se negaba la mujer acompañándose con movimientos de su cabeza.
-Como quieras, pero recuerda, mañana por la mañana debe estar impecable para que el pintor le dé a esto una mano de pintura y lo adecente -Luis iba a abandonar la habitación, pero se volvió hacia la mujer para darle nuevas instrucciones- Y no ahorres con la lejía -añadió-. Mi viejo era un guarro. Mira como está todo -señalaba los montones de basura acumulados-. ¿Y sus ropas? -Exclamó indignado- Se caga y se mea como un crio. Era un inútil, un verdadero inútil, incapaz de valerse por sí mismo. Lo he tenido que aguantar durante un año en esas condiciones -se giró hacia la mujer-. ¿Puedes imaginártelo? -la mujer no respondió, poco a poco se estaba haciendo una idea de todo.
El timbre de la puerta les sorprendió a todos.
-Deben ser ellos -dijo Luis mirando su reloj de pulsera-. Menos mal, ahora podrás hacer tu trabajo -dijo abandonando la habitación para abrir la puerta de la entrada de su chalet.
La mujer le siguió los pasos, y Antonio se volvió a quedar solo.
-¿Qué extraño? -se dijo a sí mismo-. No he entendido nada de lo que ha dicho mi hijo. ¿Quién ha de venir a buscarme? Ya está, ya caigo, seguro que me lleva a una residencia de ancianos. Claro, pobre hijo, el no puede con todo, con su trabajo su casa y encima yo. Espero que tenga una gran ventana y pueda contemplar la calle, eso sí que lo echo de menos.
Tres hombres vestidos de negro entraron en la estancia, el gesto de los hombres fue de repugnancia. Entre dos de ellos los tomaron en volandas y lo colocaron en un confortable lugar que Antonio no pudo adivinar. Sin embargo la luz desapareció de improviso.
-No se está mal aquí dentro. Todo está muy acolchado y huele a limpio, pero entre tanto alboroto mi hijo se ha vuelto a olvidar de lavarme y cambiarme de ropa. Lo cierto es que ya no tengo nada de hambre -se sorprendió.
Antonio notaba como lo transportaban, bajaban las escaleras y los introducían en el interior de un coche entre movimientos algo bruscos. Escuchó los portazos del vehículo al cerrar las puertas y el ruido del motor. El lugar era bastante estrecho, pero estaba limpio, eso era lo importante.
-Lo que no me gusta, es que no me hayan dejado nada de Luz -se quejó en la oscuridad-. Ni siquiera he tenido ocasión de dar un beso a mi hijo y despedirme de él. Bueno, seguro que adonde me lleven estaré…, bien.
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